A Paciega, pueblo fantasma del embalse de Grandas de Salime
A Paciega, pueblo fantasma del embalse de Grandas de Salime

A Paciega, Viaja al corazón del occidente asturiano y descubre un rincón suspendido entre la historia y el silencio.

Historia de A Paciega: un pueblo nacido de un embalse
Cuando a mediados del siglo XX se levantaba la presa de Grandas de Salime, una de las obras hidráulicas más monumentales de España, decenas de hombres, mujeres y niños se instalaron en un nuevo asentamiento surgido de la nada: A Paciega. Hoy, este poblado obrero abandonado, situado en el concejo de Pesoz (Asturias), es un lugar que susurra historias entre ruinas, con el eco del trabajo y la vida diaria aún colgado de sus muros desconchados.
Caminar por este poblado no es solo hacer senderismo. Es una experiencia. Un viaje al pasado de la Asturias industrial.
Te sorprende la belleza del paisaje surgir entre los huecos de las ventanas y de las puertas. Y te preguntas: ¿Cómo puede algo tan decadente ser tan hermoso?
Si te gusta la fotografía intentarás encontrar el encuadre perfecto, usarás los huecos de las ventanas para que sean el marco perfecto de tus fotos.

El embalse de Grandas de Salime se construyó entre 1945 y 1955, en plena posguerra. La orografía del Navia, su cañón estrecho y profundo, lo convertía en un lugar idóneo para un salto de agua. La obra atrajo a centenares de trabajadores, muchos de los cuales vivieron en este poblado proyectado para ofrecer vivienda y servicios básicos durante la década que duró la construcción.
A Paciega no fue el único poblado surgido de esta obra, si es el más conocido hoy en día por su peculiaridad. Es el que se localizó en el punto más elevado desde dónde se puede contemplar un paisaje natural e industrial fundiéndose en uno solo. Además es el mejor lugar para tener una vistas espectaculares del embalse.

¿ Qué instalaciones tenía A Paciega?
- 18 pabellones residenciales con tres viviendas cada uno
- Pabellón residencia, para solteros o técnicos
- Iglesia, economato, panadería, cantina, cuartel de la Guardia Civil, escuela, barbería.
- Se trasladó un hórreo desde Grandas de Salime que hacía la función de bar.
- Red eléctrica, abastecimiento de agua y trazado urbano funcional
Todo esto enclavado en una ladera con vistas al río Navia, a pocos kilómetros de Pesoz, uno de los municipios más recónditos del occidente asturiano.

Los Otros pueblos que surgieron del embalse
Junto a A Paciega surgieron otros núcleos similares:
-
El Segundo Plano (Pesoz)
-
Vistalegre (Grandas de Salime), colgado sobre la presa
-
Eitaña (Allande)
Estos pueblos obreros animaron durante años una de las zonas más despobladas de Asturias. Pero, como vino la vida, también se fue: con la finalización de las obras, la mayoría de los habitantes abandonaron estos lugares, que hoy son fantasmas de un pasado industrial.

A Paciega hoy: ruinas que cuentan
El poblado fue abandonado poco después de terminarse la presa. Hoy, lo que queda son muros medio en pie, hierba colonizando los patios y ventanas abiertas al vacío. Pero el lugar sigue hablando. Hay bancos en sus antiguas calles, un mirador espectacular y carteles interpretativos que explican la historia del enclave.
No encontrarás aglomeraciones, ni tiendas, ni cafeterías. Pero encontrarás una atmósfera poderosa, cargada de simbolismo, perfecta para quien busca lugares fuera del circuito turístico.

La Iglesia rehabilitada
En 2021 por petición del pueblo el Ayuntamiento se hizo con ella y la ha rehabilitado. Además ha realizado una intervención en la zona poniendo un área recreativa por lo que ahora es más fácil andar entre las ruinas y puedes llevar un tentempié y tomártelo sentado en los bancos contemplando el paisaje.

¿Cómo llegar a A Paciega, Asturias?
Hay varias formas de visitar este lugar tan singular:
En coche:
- Desde Pesoz, tomar dirección a Sanzo. A unos 6 km hay una pista forestal que baja hasta el poblado. Puedes dejar el coche en la parte alta y bajar a pie.
A pie:
- Ruta PR AS-169 desde Pesoz puedes hacer una ruta por esta parte de Asturias occidental. Es aproximadamente de unos 7,5 km de sendero fácil, rodeado de castaños, robles y silencio. Ideal para un paseo tranquilo en primavera u otoño. Y una experiencia también para hacer senderismo por pueblos abandonados.

Qué ver cerca de este pueblo fantasma en Asturias
Aprovecha tu viaje para descubrir otras joyas del occidente asturiano:
- Argul, pueblo declarado Bien de Interés Cultural por su arquitectura tradicional única
- Museo Etnológico de Pesoz, con objetos de la vida rural asturiana
- Embalse de Grandas de Salime, con vistas, rutas y posibilidad de deportes náuticos
- Museo Etnográfico de Grandas de Salime, uno de los mejores de España

¿Cuándo ir?
- Primavera y otoño: el bosque está en su máximo esplendor, temperaturas suaves.
- Verano: días largos, posibilidad de combinar con otras visitas.
- Invierno: solo para aventureros; puede haber barro o acceso difícil.
Recuerda: lleva calzado adecuado y respeta el entorno. Es un lugar sin vigilancia ni servicios activos.

Preguntas frecuentes
¿Está señalizado A Paciega?
Sí, tanto el sendero como el acceso desde la carretera están bien señalizados. Hay carteles informativos en el lugar.
¿Se puede visitar libremente?
Sí. Es de acceso libre, aunque se recomienda respeto por las estructuras y precaución al caminar entre ruinas.
¿Es apto para niños o personas mayores?
Sí, pero con precaución. No hay barandillas ni vigilancia, y algunas zonas pueden tener desniveles o vegetación densa.

¿ Por qué deberías visitar A Paciega?
Porque es un testimonio único del pasado industrial asturiano. Ofrece un tipo de belleza que no está en los folletos turísticos, sino en los ecos del silencio. Es la historia de Grandas de Salime y su entorno vinculado al embalse. Si te interesa el turismo industrial, no dejes de visitar también la Central Eléctrica de Grandas de Salime.
Más allá de lo visible, A Paicega es emoción, memoria y paisaje. Es un cuadro pintado con ventanas rotas.
Nota: Las fotos que parecen repetidas se usan para que veáis la luz en invierno y primavera. Da igual cuando lo visitéis merece la pena siempre.







